Si, nadamás 16 días faltan para que me vaya. Me voy.
Y alguien me decía hace algunos días que estaba feliz por mí porque me voy a un país lleno de cultura y orden...yo no estaría tan segura. Y es que después del extrañísimo caso (y no de Benjamin Button) que viví en el encuentro con la embajada de EU en Mexico, yo no lo describiría como lleno de cultura y orden. Primero me dicen que no saben si pueden o no darme la visa, que regrese en sesenta días y a los siete días me llaman para decirme que siempre no, y que me alegre porque soy la flamante nueva poseedora de una visa estadounidense, y sólo les falta preguntar si necesito alfombra y de qué color para volver a visitarlos. Qué gente más rara.
Entonces me voy, y un día antes de mi cumpleaños. Ja. Pero ¿de veras me hace gracia?
Quién sabe, pero ya me estoy acostumbrando a tomar las cosas con humor.
Como el día que mis queridos alumnos de tercero de secundaria escupieron al techo y la saliva me cayó a mi. A mi. A mi, que seguramente tengo algún conflicto no resuelto con las babas ajenas porque me provocan desproporcionados horror y asco. A miiiii.
Otra vez: humor. Buen humor, y tolerancia, y paciencia, y aaaaaaaaaaarrrrrggh los quería ahorcar. Pero ¿quién me dijo que me metiera con niños de secundaria?
En fin, en otro recuento de sucesos: Recuperé a un amigo. No que vaya a ocupar el puesto de mejor amigo, pero como dicen por ahí, de lo perdido, lo que aparezca.
Y no parece estar tan mal, será cosa de acostumbrarse aunque no sé por qué pero algo me dice que perdimos puntos de encuentro, parece aburrirse horrores cuando está conmigo. Y si, de mí salen los esfuerzos por volver a ver lo que triste y evidentemente ya no existe. A veces no sé para qué tanto teatro, pero lo sigo intentando por aquello de los arrepentimientos en el futuro. Yo no los quiero ver ni conocer. Así que mientras siga habiendo o pareciendo haber algo que pueda hacer, lo haré. O ¿pareceré hacerlo? Mmmm
Y alguien me decía hace algunos días que estaba feliz por mí porque me voy a un país lleno de cultura y orden...yo no estaría tan segura. Y es que después del extrañísimo caso (y no de Benjamin Button) que viví en el encuentro con la embajada de EU en Mexico, yo no lo describiría como lleno de cultura y orden. Primero me dicen que no saben si pueden o no darme la visa, que regrese en sesenta días y a los siete días me llaman para decirme que siempre no, y que me alegre porque soy la flamante nueva poseedora de una visa estadounidense, y sólo les falta preguntar si necesito alfombra y de qué color para volver a visitarlos. Qué gente más rara.
Entonces me voy, y un día antes de mi cumpleaños. Ja. Pero ¿de veras me hace gracia?
Quién sabe, pero ya me estoy acostumbrando a tomar las cosas con humor.
Como el día que mis queridos alumnos de tercero de secundaria escupieron al techo y la saliva me cayó a mi. A mi. A mi, que seguramente tengo algún conflicto no resuelto con las babas ajenas porque me provocan desproporcionados horror y asco. A miiiii.
Otra vez: humor. Buen humor, y tolerancia, y paciencia, y aaaaaaaaaaarrrrrggh los quería ahorcar. Pero ¿quién me dijo que me metiera con niños de secundaria?
En fin, en otro recuento de sucesos: Recuperé a un amigo. No que vaya a ocupar el puesto de mejor amigo, pero como dicen por ahí, de lo perdido, lo que aparezca.
Y no parece estar tan mal, será cosa de acostumbrarse aunque no sé por qué pero algo me dice que perdimos puntos de encuentro, parece aburrirse horrores cuando está conmigo. Y si, de mí salen los esfuerzos por volver a ver lo que triste y evidentemente ya no existe. A veces no sé para qué tanto teatro, pero lo sigo intentando por aquello de los arrepentimientos en el futuro. Yo no los quiero ver ni conocer. Así que mientras siga habiendo o pareciendo haber algo que pueda hacer, lo haré. O ¿pareceré hacerlo? Mmmm





